Mostrando entradas con la etiqueta Enamoramiento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Enamoramiento. Mostrar todas las entradas

Te quiero en mi cama

Me gusta tu sonrisa
y tu mirada de caramelo...
me gustan tus labios
y por besarlos me muero.

Mi damicela andante
mi reina, mi tentación...
adoro tu cuerpo
y te deseo con pasión.

Rico tu cuerpo,
dulce tu piel
delicioso tu sexo...
ven mi amor,
esta noche a mi lecho
que haré realidad todos tus sueños...
Ven corazón, ven junto a mi...
en mi cama hay un sitio para ti

Soy Feliz

Porque sólo te llamo cuando estás trabajando, 
 para preguntarte a que hora vas a volver a casa. 
Porque me basta con estirar la pierna 
o darme la vuelta mientras estoy en la cama,
 para recordar que estás conmigo. 
 Porque no me hace falta soñar con tus besos, duermo con ellos. 
Porque cocino para dos. 
Porque oigo tu risa y, al tiempo, veo tu sonrisa. 
Porque me amas, te amo...nos amamos.

No es mi culpa quererte

Aquí en mi soledad me encuentro yo sin dueño
con íntimos deseos y sin lograr ningún sueño.
Hoy busco tus caricias con amor y cercanía
sin importar que sea la culpa tuya o mía.
Mi pasión humana concretizaría mi amor;
el sentir tus labios me quitaría a mí el dolor.
La íntima cercanía entre yo y tú, mujer,
le quitaría a ambos toda esa sed del querer.
Aprecio los dones que Dios te puso al hacerte bella
y tú en mí reina como la única estrella.
Ando en mi soledad con esta alma tan vacía
y quiero llenarla al hacerte a ti para siempre mía.

Piropos

L os piropos son halagos y a la vez galanteo que se le dicen especialmente a las mujeres cuando son bonitas.
Según cuenta la historia, la palabra piropo es de origen griego: pyropus, que significa rojo fuego. Los romanos la tomaron y usaron para clasificar piedras finas llamadas granates, de color rojo rubí. El rubí simbolizaba al corazón, y era la piedra que los galanes le regalaban a la cortejada. Quienes no tenían plata para los rubís les regalaban lindas palabras.
A principios del siglo XVII, se usó con frecuencia en tratados y poesías como símbolo de lo brillante y comparándolo con alabanzas para una mujer bonita. En sentido literario, era sinónimo de chispazo, fogonazo de ingenio, la palabra encendida.

El piropo es callejero, improvisado, ocasional, una costumbre oral y popular. Halaga o ataca las diferentes partes del cuerpo. Sólo cuando forma parte de un proceso de conquista y enamoramiento es entonces el primer eslabón de un ritual amoroso.
El enunciado de estos piropos es el querer algo de alguien como una condición previa a la acción entre el yo y el otro que estructura el enunciado del ser y del hacer: “quisiera que fueses…”, “quisiera ser…”. Los ejes semánticos giran entre la afirmación y la negación, entre suposiciones contrarias o complementarias.


También están los antipiropos, que son esos que caricaturizan al cuerpo agresivamente. Es que los seres humanos se mueven entre la ternura y la agresión; y de la palabra que halaga a la que maltrata hay un sólo paso. El antipiropo también llamará la atención del piropeado –en este caso víctima-, quien responderá con un adjetivo más agresivo aún o por el contrario, no hará acuse de recibo.

Aunque algo distorsionado y perdiendo espacio, generador de ira o de una sonrisa incrédula, el piropo es una costumbre de habla hispana que –para bien o para mal- siempre quedará en el inconsciente colectivo y que nunca, pero nunca, pasará desapercibido.